Dicen que la sociedad cada día se abre más de mente y va aceptando nuevas cosas, como religiones, políticas, sexualidad, raza, etcétera. Yo no lo creo así, creo que todo el mundo sigue siendo igual que siempre, que fingen aparentando ser algo que en realidad no son, fingen ser seres civilizados capaces de poder convivir con cualquier clase de persona, pero no es así en el fondo no son más que bestias descomunales llenas de odio y racismo; gente que no puede ver más allá de sus propias narices y que no puede aceptar —Aunque digan que no es así— a otras personas de un nivel sociocultural o económico más bajo, de otras orientaciones sexuales, religiones o color.
Mi nombre es Daniel, tengo 18 años y voy a la universidad, mi vida nunca fue algo fuera de lo común, siempre fue normal, me divertía como un adolescente normal, salía con amigos y de vez en cuando hacía una que otra travesura junto a Michael y Eduardo, mis mejores amigos, pero eso cambió radicalmente. Yo era una de esas personas homofóbicas, gente que no soporta a los homosexuales y sentía asco por ellos, o más bien eso es lo que yo creía, porque en el fondo no era así, pero yo pensaba que sí pues así me criaron, papá era homofóbico y siempre andaba criticando a esas personas, llegaba a decir que merecían estar muertos y que eran un desperdicio de vida, que no contribuían con nada a la humanidad que no podían procrear la raza humana y que simplemente debían ser eliminados, siempre tubo ese gran odio contra los homosexuales, a pesar de que su hermano era uno, o tal vez por eso es que era así. Papá siempre se quejaba de ellos a toda hora y la policía lo detuvo en más de una ocasión por agredir en la vía pública a chicos de dicha sexualidad, recuerdo que cuando tenía ocho años me obligó a ir con él para que viera como "les daba una paliza a esos maricones" —Decía él— desde aquel entonces que quedé marcado con ello, y asumí que ser homosexual era algo horrible el peor pecado que podías cometer y que era algo que nadie perdonaría, que estaba mal incluso más que robar o matar, pero jamás agredí a una persona homosexual, aun cuando papá decía que debían ser maltratados yo no estaba de acuerdo, entendía que estaba mal eso pero no creía que merecieran ser víctimas de una paliza por ello. Con el tiempo fui aprendiendo nuevas cosas entre ellas que los homosexuales no decidían ser así, sino que nacían así y no era culpa de ellos y así mi "odio" por ellos se neutralizaba poco a poco, pero no estaba listo para lo que venía.
Un día en la universidad, un chico se me declaró. Lo recuerdo bien, era 12 de Octubre, y corría una brisa de aire fresca muy agradable, estaba mirando el crepúsculo en el cielo cuando Jonás, un compañero de clase de literatura, se me acercó.
—Daniel, tengo algo que decirte. —Dijo.
—Dime, ¿Qué es lo que quieres?
—Realmente no sé cómo reaccionarás ante lo que te tengo que decir, y no quisiera que me odiaras. Yo... —Diría algo que yo no quería oír, pero que dijo igualmente. Se detuvo y me miró. —¿Es cierto que eres homofóbico? —Preguntó antes de continuar.
—Lo soy... Bueno no tanto, ¿sabes? he conocido gente que realmente odia a los homosexuales, yo no es que los odie tanto pero no está bien tener relaciones con alguien de tu mismo sexo ¿sabes? eso es asqueroso.
Cuando dije eso un silencio se apoderó del ambiente y la cara de Jonás cambió radicalmente, su mirada ya no era la mirada de alguien inocente que esconde alegría tras sus ojos y está impaciente por preguntar algo como un niño pequeño antes de recibir un regalo, ahora era una mirada triste y sus ojos estaban llorosos, se notaba que lo que dije le había afectado mucho. Pensé que pude haberlo herido sin querer y deduje que él podría ser gay, pero claro, eso era estúpido, Jonás era un chico muy bien parecido y tenía una fama de ser muy mujeriego, se le conocía por andar siempre de novio con las chicas más hermosas de la universidad, incluso de cursos superiores.
—Yo no creo que esté mal, es decir, tú dices 'está mal tener sexo con alguien de tu mismo sexo' como si fuera eso nada más, como si fueran animales que sólo están buscando sexo, pero no es así ¿sabes? también hay amor detrás de todo, igual como personas normales, como una pareja heterosexual, los homosexuales también sentimos... —Se detuvo y continuó: también sienten amor.
Le quedé mirando con extrañeza, pues no entendía por qué los defendía tanto y pregunté para volver al tema. —Bueno ¿Qué era lo que necesitabas decirme hace un rato?
—Cierto, bueno yo... Verás, lo que quería decirte era que...
—No le des tantas vueltas y dímelo ¿de qué se trata? ya me estás poniendo nervioso —Dije con un tono risueño mezclado de curiosidad.
—Me gustas.
Otro silencio se tornó en el ambiente, no sabía que decir ni tampoco qué hacer, era la primera vez que un chico me decía que le gustaba, jamás alguien de mi mismo sexo se me había declarado y al haberlo hecho sentí una especie de nausea, repulsión contra él, se me vinieron todos los recuerdos de mi padre cuando maltrataba de los homosexuales y me dieron ganas de golpearlo, afortunadamente reaccioné y me detuve, tan solo me di la vuelta e intenté salir de ahí fingiendo que nada había ocurrido... Pero me detuvo, si tan solo me hubiera dejado continuar tal vez esta historia jamás hubiera existido, pero él me detuvo, tomó de mi brazo y estúpidamente dijo:
—¡Me gustas! ¡Te amo! Por favor no ignores lo que te estoy diciendo...
—¿Y? ¡¿qué demonios se supone que quieres que haga?! —Le grité enojado, no sabía qué hacer y me estaba poniendo totalmente nervioso.
—Tan solo dime si tengo una oportunidad contigo... Dime si un día podríamos llegar a ser algo más que amigos, dime si yo pudiera llegar a gustarte... —Comenzó a decir mientras sus ojos derramaban pequeñas lágrimas.
Debí decir que no, debí decir que nunca tendríamos nada y que jamás lograría gustarme alguien de mi mismo sexo, que lo hallaba asqueroso y que jamás se volviera a cruzar por mi camino, pero no lo hice, no sé por qué no lo hice, solo dije dos palabras: 'No sé' y eso fue todo, luego me retiré a los dormitorios corriendo, huyendo de la situación, pero no sabía en el problema que me estaba metiendo al haber dicho 'no sé' en vez de un claro y fuerte; 'No'.
Al día siguiente me encontré con él en clase de literatura y el idiota se sentó a mi lado, no pude prestar atención en toda la clase, estaba distraído y nervioso por su presencia aunque no era precisamente desagrado lo que él me causaba, con el tiempo se fue acercando más y más a mí hasta que llegó el día en que logré aceptarlo, y al final éramos buenos amigos, Jonás y yo íbamos a muchas partes, también salíamos junto a Michael y Eduardo y ellos también lo aceptaban como era, jugueteaban y hacían bromas amistosas respecto a su sexualidad, la pasábamos muy bien todos juntos, pero un día me di cuenta, que sin saberlo había desarrollado sentimientos que ni yo conocía. Recuerdo bien la primera vez que él faltó a clase, me preocupé y esperé al día siguiente pero tampoco asistió, luego le llamé a su teléfono móvil para saber qué era de él, se encontraba enfermo y con fiebre, cuando me enteré me sentí tan angustiado y preocupado que me salté todas las clases de la mañana y la tarde para pasar el día con él cuidándolo...
Sin darme cuenta estaba en su habitación, estábamos los dos solos sin nadie más y nadie más habría en todo el día. Atendí a Jonás con mucho cuidado y lo alimenté, lo abrigué y le puse paños mojados en la frente para que le bajara la fiebre, le di medicamentos y le hice compañía, al caer la noche Jonás se encontraba un poco mejor y fue cuando todo sucedió.
Me dejé llevar, no sé realmente lo que sucedió, él me volvió a recordar esa noche que yo le gustaba y me volvió a hacer la misma pregunta que me había hecho hace unos meses atrás, si tenía él posibilidad alguna de ser algo más que mi amigo, pero ahora esa pregunta que me había causado antes deseos de golpearlo y nauseas me causaba un extraño mariposeo en el estómago, sentía que mi cara de ruborizada y me sentí muy nervioso, los latidos de mi corazón aumentaron e inconscientemente sin darme cuenta del poder de las palabras que diría dije 'Supongo que sí'...
¡"Supongo que sí"! Oh... Maldito el día en que dije eso ¡¿Cómo pude decir algo así?! ¡¿Por qué no me negué inmediatamente?! pero no era eso lo peor del caso, sino lo que vino después. Cuando dije esas estúpidas tres palabras Jonás se enrojeció de felicidad, y precipitadamente se lanzó a mí como si yo lo hubiera aceptado como pareja. Me abrazó y me besó en la mejilla.
—¡Cálmate! qué es lo que estás haciendo. Dije que suponía, tampoco es como para que reacciones como si te hubiera aceptado como pareja. —Dije alejándolo unos pasos de mí.
—¡No importa! con tan solo esa respuesta que me has dado me has hecho la persona más feliz del universo e incluso creo que hasta mi enfermedad se ha curado. ¡Te amo! ¡Te amo! —Comenzó a gritarme.
Así continuó durante unos minutos hasta que se detuvo y se sentó frente a mí, me miró a los ojos y me dijo "te voy a amar por siempre" cuando me dijo esas palabras yo me quedé atónito, no sabía cómo reaccionar ni tampoco sabía como responder ante dicha declaración así que solo le quedé mirando, sus labios me perturbaban y por alguna razón no podría dejar de mirarlos, solo había silencio en la habitación y estábamos él y yo solos en ella, él comenzó a acercarse peligrosamente a mí, poco a poco, pero lo peor del caso es que yo no hice nada para detenerlo, y con mi inconsciente consentimiento él me besó en los labios. No sé por qué lo hizo y no sé por qué le dejé hacerlo, luego de un beso, vinieron otros más y luego caricias y al final terminamos teniendo sexo. Al día siguiente me sentía tan avergonzado y horrorizado por lo que había hecho que incluso pensé en abandonar la universidad, pero no pude, algo me detuvo, algo en mi corazón decía que no quería alejarme de Jonás, y así fue como me quedé allí con la condición de que él no podía decirle nada a nadie y que esto permanecería en un profundo secreto.
Luego de eso no negaré que hubieron momentos felices y que a escondidas hacíamos una linda pareja, aunque él parecía feliz cuando estaba conmigo a los demás ratos siempre llevaba una cara triste, como hubiera querido estar con él en todos los momentos incluso en presencia de las demás personas haberlo consolado cuando tenía esa cara triste y haberle dicho cosas lindas sin importar que los demás las oyeran, pero no podía, mi educación me lo impedía, y así fue como simplemente ignoré estos sucesos poco a poco, que luego tomarían peso sobre mí. Un día me le acerqué y le pregunté que es lo que pasaba, él me dijo que nada y cuando yo le iba a insistir él me besó, en ese momento entró en la sala Eduardo, quien quedó impactado con lo que vio, no podía creer lo que sus ojos estaban mirando. Me veían a mí, Daniel, un homofóbico, hijo de un padre que tenía fama por odiar con todo su ser a los homosexuales, besarse con otro hombre, reaccioné en el instante y le di un golpe en el rostro a Jonás.
—¡Aléjate de mí puto maricón! ¡No vuelvas acercarte nunca más a mí! —Le grité, me dolía en el alma haberle dicho esas cosas tan crueles, pero qué podía hacer, no quería aceptar que me gustaba otro chico y no se me ocurrió nada mejor qué hacer al respecto. —¡Vámonos Eduardo!, este puto maricón se ha querido pasar de la raya conmigo y me ha besado. ¡Asqueroso bastardo! no quiero volver a verte nunca más.
Después de eso pasaron dos semanas sin ver a Jonás, no asistía a clases y no respondía mis llamadas, tampoco se presentaba a dormir en los dormitorios de la universidad, me sentía tan arrepentido de lo que había hecho, me sentía una mierda de persona, sentía asco de mí mismo. De noche salí a pasear por los jardines a tomar un poco de aire, no tenía cabeza ya para pensar en nada más que Jonás y en su paradero, entonces fue cuando lo vi, tirado en el piso con un cuchillo al lado, inconsciente estaba y sus muñecas estaban con cortaduras que parecían ser profundas la sangre emanaba de sus muñecas y en la desesperación nada más comencé a gritar que me ayudaran al rato llegaron compañeros y profesores y llevaron a Jonás a un hospital, me quedé con él hasta que despertó, cuando abrió sus ojos y me vio, dio una sonrisa y luego pareció recordar lo que había sucedido y la sonrisa se borró, su mirada se volvió triste y evitando mirarme a los ojos dijo:
—¿Qué es lo que haces acá? Pensé que ya no querías verme nunca más.
—Lo siento mucho, sé que estuve mal, lamento lo del golpe...
—"Lamento lo del golpe" —Me remedó. ¡¿Crees acaso que eso me importa estúpido?! yo te amaba, realmente estaba enamorado de ti y tu me negaste con todo tu ser y si eso no bastara me has tratado horrible y luego vienes acá y me pides perdón por un estúpido golpe... ¡Lárgate! —Me gritó llorando.
Quedé sin nada que decir, sabía que él estaba en toda su razón y que yo no tenía nada que alegar, sabía que estaba mal y tenía que hacer que me perdonara, me había dado cuenta cuando lo vi allí tirado que si él muriese, que si él desapareciera de mi vida yo moriría con él, porque yo a él... Lo amaba.
Cuando salió del hospital y se dirigió a la universidad organicé con otros compañeros una fiesta de bienvenida sorpresa para él, en esa fiesta tenía puestas todas mis esperanzas de que me perdonara cuando llegó y todos le saludaron su rostro estaba contento, pero su felicidad no duró mucho hasta que me vio entonces volvió a poner esa fría y triste mirada, me acerqué a él y le dije 'Ya no te negaré nunca más' y entonces fue cuando lo dije:
—¡Atención! ¡Todo el mundo! ¿Me prestan un poco de su tiempo? —Grité a todo el mundo y me dirigieron su atención. Tengo una confesión que hacer, estuve mal me porté horrible con Jonás, Eduardo amigo, tú viste lo del otro día y te hice creer que él fue quien me atacó en contra de mi voluntad pero no es así y me arrepiento mucho de haber hecho eso. ¡A todo el mundo! quiero confesar, que yo: Daniel Gutierres. Amo a esta persona, amo con toda mi alma a Jonás, y quiero estar con él para siempre.
La confusión estaba entre todos, algunos pensaron que se trataba de una mala broma de mi parte pero todos se convencieron al final cuando en frente de todos y sin vergüenza a él le besé tiernamente en los labios y sequé sus lágrimas que corrían en ese momento, lo que vino después fue solo dolor. Eduardo y Michael se dejaron de juntar conmigo, mamá que era igual que papá se enteró de lo sucedido y dejó de pagarme la universidad también optó por negarme como su hijo y me echó de la casa, me dijo que jamás volviera por allí y que era una vergüenza para ella, Jonás me aceptó en su departamento pero no fue mucho lo que aguantamos, quisimos amarnos al aire libre, quisimos expresar nuestro amor en espacios públicos como lo hacía cualquier pareja, pero la gente nos lo impedía siempre que nos besábamos nos gritaban cosas horribles que prefiero ni mencionar, y así pasaron los meses y todo era gris pues todo el mundo nos miraba con ojos de asco y no nos aceptaba, todo era tristeza, y solo cuando estábamos juntos él y yo en ese pequeño departamento juntos era nuestro momento de felicidad, optamos que él y yo bastábamos para ser felices por siempre...
Una fría noche de Mayo entre tragos y tragos, nos suicidamos, optamos por tomar frascos de pastillas para dormir, y en un profundo sueño ambos caímos, no sé si habrán encontrado nuestros cuerpos alguna vez, pero con su cálida desnudes yo morí feliz, abrazado a él, apegado a él, amándolo a él, morí... Morí junto a él y con él, para estar amándonos por siempre juntos en algún lugar en donde ya la gente no nos hiciera más daño con su discriminación.